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Cuerpos del delito: A medio gas

Cuerpos del delito: A medio gas

Volvemos con las reseñas y os presentamos una propuesta diferente de la editorial Dibbuks. Una obra de Antonio Altarriba (Yo, asesino) y Sergio García que juega con dos estilos como la prosa y el cómic.

Un título que no es para todos los públicos.

Lo tenéis pinchando aquí.

Conexión

Es complicado analizar esta obra, en el sentido de que juega en dos campos y, salvo por un detalle final, ninguno acaba de explotar del todo mientras uno recorre sus páginas.

En un primer momento, nos encontramos con un análisis del tabaco y de las influencias sociales, las contradicciones gubernamentales y las teorías del control de masas tan activas hoy en día. No es ningún problema que un autor plasme sus opiniones, por lo que resulta interesante escuchar su voz personal, de manera que nos permite entender mejor todas las historias que vienen a continuación. Unos personajes que giran en torno al humo del cigarro, a modo de nexo de unión, y que nos permite ver que la mortalidad se encuentra en cualquier parte y que la vida se decide entre lo que se tarda de pasar de una colilla a otra.

Conviene no contar demasiado de cada historia, debido a su formato de relatos cortos, pero podemos señalar que se mueven en ambientes de supervivencia. Lugares grises, casi como el humo del tabaco, en donde uno tiene pocas cosas a las que adherirse y que el tabaco, al menos en la primera historia, representa la sensación de ser mayor, de sentirse importante, de esa chulería que durante años estuvo, e incluso está hoy en día, unida a ese mal hábito. En otras, representa cierta calma después de algún momento de tensión e incluso el negocio puro y duro.

Todos estos aspectos hablan de la vida desde distintos puntos de vista, pero el conjunto no acaba de enganchar del todo. La narración divida en cortos párrafos, con tramas que ya hemos escuchado en algún momento en distintos medios (el joven asesino con una infancia difícil, por ejemplo), no aporta algún elemento que lleve al lector a rincones que le permitan explorar nuevos conceptos y la idea de la introducción se mantiene, pero sin la relevancia necesaria. Al menos, los personajes – a pesar de ser estereotipos – tienen cierto carisma y por suerte la duración de cada historia ayuda a que todas las tramas terminen en el momento justo, de manera que uno pasa de una a otra con un ritmo ameno pero que, por el contrario, no dejan un reposo a largo plazo.

Las imágenes como relato

El apartado gráfico se divide en dos momentos claramente diferenciados y con unos resultados también diferentes, obra de Sergio García (Amura).

Por un lado, las representaciones que nos encontramos en mitad de los relatos ayudan a contextualizar la historia, poner  imagen a los personajes y lograr captar los distintos escenarios. Se agradece que no siempre escojan los momentos álgidos de la trama, sino que uno observa momentos puntuales de la vida de los personajes, dejando que sea la imaginación del lector la que cree visualmente los momentos más importantes.

Por otro, tenemos el póster final. Sinceramente, aquí es donde encontramos la clave del cómic. Un homenaje a los principios del medio, donde las historias se contaban a través de una sola imagen, pero compuesta de pequeñas acciones que daban sentido al conjunto. Lógicamente, sería un riesgo comercial publicar un cómic exclusivamente de esta manera – aunque sea en formato apaisado -  pero uno no puede evitar perderse en cada detalle, disfrutando de cada línea temporal y del tono elegido, con una claridad que hace la delicia de los aficionados.

Conclusión

A pesar de ambientarse en la guerra de Bosnia, uno no puede pensar que los relatos son historias ya leídas, con personajes que caen en lugares recorridos y dejando una “reflexión” a la que la falta algo más de garra.

Por el contrario, los autores nos regalan un póster final que funciona perfectamente como un elemento individual y que logra que las historias ganen en calidad, lanzando al espectador una propuesta no es muy común hoy en día.

Un conjunto desequilibrado, para una ambientación a la que se le puede sacar más partido.

Iskander López