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Spirou y Fantasio: Tome y Janry: Dominando al personaje

Spirou y Fantasio: Tome y Janry: Dominando al personaje

Segunda parte de la etapa de Tome y Janry, después del dilema sobre el equipo creativo. Los dos autores ya se encuentran “tranquilos” en sus puestos y en la etapa que recopila el tomo – 1984 a 1987 – muestran todo su potencial.

Nuevos personajes, viajes al Nuevo Mundo y mucho respeto.

Tenéis las aventuras de Spirou pinchando aquí

Arriesgando sin polémicas

Siempre es complicado introducirse en la mente de los fans y más aún si son franceses y hablamos de uno de los personajes más importantes de la industria del cómic del país. Si Nick y Cauvin recibieron muchas críticas por querer llevar al personaje a otros niveles, tanto a nivel argumental como artístico, los autores que hoy analizamos recibieron halagos por parte de los lectores. ¿El motivo? Sus pequeñas libertades (viajes en el tiempo y nuevos seres) si bien eran atrevidas, en el fondo se basaban en diseños o en historias ya propuestas en el pasado (el ejemplo del esnulfateador). Es decir, basándose en conceptos ya admitidos y queridos por los fans, crean nuevos personajes que si bien aportan frescura a la trama, no dejan de ser “remakes” de los originales. Esa forma de innovar pero sin arriesgar del todo, fue una jugada inteligente y, a la larga, fue un factor decisivo para ganarse uno de los puestos más deseados.

Una vez llegada la calma a la revista, nos encontramos con historias que buscan ampliar el universo, jugando con otras culturas y otros ambientes que permiten ofrecer algo de frescura al personaje, ya que al sacarlo de su hábitat, Spirou gana en interés y permite explorar mejor la relación con sus amigos y con otros habitantes. Por poner un ejemplo, la historia centrada en Nueva York permite un choque cultural que sirve, no solo para ofrecer una historia que engancha desde el primer momento, sino para medir la capacidad del personaje para gustar en otros países, de manera que deje de ser un personaje puramente francés y sea abrazado en otros lugares (al igual que lo fue Tintín en Europa, aunque en EEUU sigue siendo un personaje poco conocido).

Por otro lado, la manera de tratar los estereotipos de las distintas nacionalidades se realiza con una inteligencia y un sentido del humor que si bien cae en lugares comunes, sus diálogos y los elementos que introducen (los ingredientes en la cocina china) permiten sacarnos una sonrisa en los momentos menos esperados, logrando que los secundarios sean tan importantes como los principales.

Por último, destacar – como siempre – que la primera parte del recopilatorio se encarga de contarnos lo que ocurre en los pasillos de la revista, donde las bromas internas y las traiciones están a la orden del día. Se demuestra, una vez más, que por mucho que nos encontremos en el mundo de la cultura, también hay una parte importante de dinero en juego y algunos solo piensan en pillar su trozo del pastel.

Janry y los fondos

Estamos ante uno de los artistas que más duro es consigo mismo, tal y como él reconoce, pero en esta ocasión uno observa una evolución en su trato con los fondos que bien merecer ser reconocido.

A lo largo del tomo, vemos como las historias le permiten jugar con planos abiertos en donde debe capturar distintos detalles de las localizaciones (ciudadanos, elementos de la ciudad, arquitectura, vehículos…), factor clave para llegar a dominar el trazo. Precisamente, es en la última historia centrada en NY cuando el artista transmite seguridad y confianza, ofreciendo al lector todo un mosaico lleno de diversidad cultural, y eso que no conocían la ciudad directamente y todo era mediante referencias cinematográficas.

Conclusión

La calma llega a Spirou y sus autores comienzan a liberarse de las ataduras del pasado, aunque sus “aportes” al universo del botones siguen bebiendo en exceso de trabajos anteriores.

Ahora bien, su obsesión por llevar a Spirou y sus amigos más allá de los escenarios conocidos, permite inyectar aire fresco y desarrollar historias más ricas en matices.

Cuando se deja trabajar, es raro que no ocurran cosas buenas.

Iskander López